miércoles, 23 de octubre de 2013

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Busco por internet y vio que era un reloj francés del S. XV, se quedó fascinado y afortunado de tener ante él una antigüedad tan importante, luego al situarlo decidió estudiar esa época para ver lo que se le podía ofrecer y entender así un poco el sentido a todo ello. En este caso no estaba en internet, así que el protagonista pensó en visitar a la tienda de antigüedades de su barrio y el dependiente al verlo, lo reconoció, se asustó, le vendió un libro viejo y le dijo que no quería ver algo parecido en la tienda.

Carlos se quedó extrañado y no entendía nada, se fue con el libro a su casa, abrió la puerta con la mano derecha, cerró la puerta y dejo las llaves en el cenicero y entro con el libro a la cocina, lo puso encima de la mesa y se giró a prepararse una buena taza de café, ya que por lo que el intuía esta no iba a ser una tarde normal y menos aún corta, salió el humo por la cafetería y apago el fuego. Se giró nuevamente cogió el azucarero y lo puso en la mesa, se sentó y puso dos cuadraditos y empezó a remover. Abrió el libro, miró el índice y se dio cuenta que había una foto que era igual que el reloj que tenía en sus jóvenes manos, y debajo ponía la frase: “Si tu vida quieres calmar, a mi contigo me tienes que llevar” entre paréntesis la fecha y la página donde estaba la explicación de la foto, fue a la página señalada y ponía en un lenguaje antiguo: “El primero que frotará sería su dueño, que le cambiaría su vida a peor sin solución alguna”. Al principio le pareció una explicación simple, sin sentido, sin saber que le iba a esperar los cambios oportunos y que por lo tanto no era motivo en apariencia de preocuparse, al menos por el momento, hasta que obtuviera más información. Se terminó el café, limpio la taza, la dejó en la pila que se escurriera, se vistió de uniforme para trabajar una noche más, en este duro trabajo. Llegó a la comisaría donde le esperaba
su compañero Javier, durante su turno estuvo pensativo toda la noche, ¿qué cambios me pasarán? Carlos tenía cierta inseguridad de contárselo a su compañero por temor a que pudiera pensar de un chico novato como el y que temía ser visto como un chico fantasioso e inmaduro para la función que tenía que desempeñar, Javier por el contrario sabía que le pasaba algo, pero no quería precipitarse a preguntar algo que posiblemente por la falta de confianza no quería que fuese la información compartida con él, así que pensó que era mejor esperar que su compañero tuviera el coraje de hasta la cosa más absurda, mientras no afectará a su labor, no tiene por qué importarle a él.

La noche fue la más de aburrida, solo se veía algún gato por la calle paseando muerto de frío e intentando no ser cogido por nadie, caminando  buscando comida por algún rincón, y cobijarse debajo de algún coche. El frío era tan húmedo que tenían que encender un poco la calefacción para calentarse, ya que a pesar de los guantes, el frío se sentía en cada uno de los rincones de la mano, estaba tan seco que apenas se podía hacer algún movimiento, ni tan si quiera doblar los dedos. Como todo parecía estar tranquilo, se fueron a un bar cercano para tomarse un café y unos buenos bollos, entraron al bar y se pusieron en una mesa, tomaron sus respectivos cafés y dulces, se levantaron y se fueron nuevamente al coche, como el ambiente era la más de silencioso y tenso, para romper el hielo Javier empezó a preguntarle qué sensación tuvo ayer como policía, este le dijo que había sido su sueño desde bien joven y que se sentía genial por haber logrado y porque lo preguntaba, Javier le contesto que apenas habían hablado estando toda la noche de ayer y que así empezar hacer amistad y que supiera que él estaría a su lado para lo que necesite, y Carlos lo miro extrañado sin entender nada y Javier le comentó que no se preocupara, que era por hablar de algo, pero era inevitable ver en un principio la tensión que había en el ambiente, hasta que Carlos le dijo que estaba muy agradecido por ello. Ambos se miraron pero ninguno dijo nada más, se acabó el turno y cada uno  se fue a su casa.

Se dijeron hasta mañana y Carlos iba pensando en sus cosas, preguntándose ¿Sospechará algo? ¿ Que significa que cada vez toque ese reloj aparezca la misma frase? mientras iba paseando pensativo se tropezó con un cadáver y agacho la cabeza y vio un muerto en el suelo, blanco y una olor poco agradable para el olfato, era un hombre de unos cuarenta años aproximadamente, pelo

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 Las calles estaban silenciosas, notándose solo, el ruido que producían las ruedas al pasar por encima de los charcos. El agua que caía de aquellas nubes negras parecía no cesar, mientras ambos iban en el automóvil, los palos alargados que se podían ver en la parte exterior del coche pegados en la parte frontal, en la parte grande en comparación de aquellos cristales que tenían a su alrededor,  intentaban quitar el agua hacía ambos lados, pero aquello parecía inútil, ya que las gotas golpeaban con gran intensidad y apenas se podía apreciar lo que se tenía a sus alrededores. Con la luces cortas, pareció ver el reflejo de una sombra, no se veía muy bien lo que era, pero tenía la corazonada de que aquello tenía toda la pinta de parecerse a un ser humano, Carlos quería bajar para saber lo que era, su compañero no quería, para r una mayor seguridad, le comentó que irían con el coche, pero Carlos al no compartir la misma opinión le dijo que parara y vio lo que le daba la impresión que era una sombra correr, ¿ quién era o que era lo que corría? decidió seguir corriendo, las gotas le molestaban en la cara, el aire hacía que acariciara el agua, dejándola a los lados del rostro, pero aquello parecía que iba a continuar así y no parar y al mismo tiempo dejo de insistir,  ya que no veía con claridad y el uniforme estaba mojado y le era bastante pesado, lo que le hacía mucho más complicado seguir su camino, y  las fuerzas de las piernas no le acompañaban a lo que el corazón y la cabeza le pedían, giro a la derecha y sin querer tropezó con un reloj antiguo de bolsillo, después que lo hiciera la persona o animal que perseguía, el reloj tenía  los números escritos con números romanos, que en apariencia es inofensivo, pero para nuestro protagonista será algo más que un simple reloj, pero eso no lo sabrá hasta el final de miles de casos sin resolver. Se agacho, lo miro, le resulto curioso y sin articular ni un sonido de su boca,  se lo guardo para poder sacar alguna huella, pasó por allí su compañero para recogerlo y le dijo que era muy curioso, que no podía pretender que algo no se le escapará, éste le dio la razón ocultando para si mismo la prueba que había encontrado, hasta que llamará por teléfono a su amigo novato de la policía para que éste sacará las huellas de lo encontrado, siguieron la noche la más de silenciosa, sintiendo la pesadez de la humedad en el día de tanta lluvia como era esa amargada noche, que el mismo sabía que no iba a sacar de su memoria , porque tenía entre sus manos una prueba de su primer caso y que lo resolvería por su cuenta, además de los casos que le fueran otorgados, ya que era un prueba bastante curiosa y poco habitual y en el caso que no tuviera nada se la podría quedar él y en la parte de detrás había una frase borrosa que al frotarla se podía leer “ Si tu vida quieres calmar, a mí siempre me tienes que llevar”, que quedaron su amigo y Carlos en el laboratorio por la mañana antes que la gente empezará a llegar, después que Carlos llegará a comisaría, se bajará del coche para que su compañero aparcará y se fuera a casa, antes de echarse a dormir llamo a Paco, su compañero novato del laboratorio, para pedirle un favor personal y es que, quería que si podía sacar las huellas al reloj antiguo que había encontrado, le intentaron sacar las huellas, pero sin éxito alguno, ¿ cómo es eso posible? Si lo cogí yo, como es posible que no estén ni las mías, ¿ qué sentido la frase del reloj?. Paco le miro extrañado y lo miraba como si estuviera echándole la bronca, por algo que no era la forma correcta de hacerlo, pero al mismo tiempo era un secreto que solo ellos, por el momento sabían, le dio las gracias, Paco le hizo una foto para ver que podría saber de aquel reloj y de la frase y se lo devolvió a Carlos y se marchó antes de que nadie pudiera verles, ya que no quería poner en un compromiso a su compinche del caso y tenía que descansar, estaba agotado y la noche había sido rara y tenía mil preguntas sin respuesta.

Llego a su casa, dejo las llaves en el cenicero de su recibidor y fue directo a su habitación dejo la mochila en el suelo y se fue directamente a la cama y se tumbó, hasta la hora de comer. Se levantó como nuevo, fue a la nevera se hizo una macedonia, se preparó un poco de fiambre y se hizo arroz

de puchero para comer, nada más terminar fue a su habitación cogió la mochila, la abrió y cogió el reloj encontrado, lo miro por detrás y no le salía la frase que previamente le había salido, así que le volvió a frotar y la misma  frase le volvió a salir, no sabía nada del objeto ante si ¿ porque se borraba? ¿ cuánto tiempo tenia?.

martes, 22 de octubre de 2013

Página 1 de la trilogía


En el estado de California había una mala costumbre, por la parte que corresponde a las trágicas defunciones que presentan, cada vez con mayor frecuencia, sin un porque aparente, sin testigos, sin huellas, sin …

y si lo que viéramos no fuera real? ¿Que vemos realmente? ¿Qué es la realidad? ¿La credibilidad es necesaria para mejorar nuestra calidad de vida? ¿En qué partes está dividida la vida?¿qué es la verdad? ¿qué pensamos y que somos en realidad?


Hay un mundo que para nosotros carece de valor, es esa sustancia gaseosa reconocida en este preciso instante como un ser o algo infinito, de la cual no tenemos constancia de lo que  en verdad significa y al mismo tiempo no somos capaces de tocar con la palma de la mano, mostrando así la esencia biológica invisible de lo que sentimos o pensamos que nos vemos capacitado para ello, siendo una milésima parte de nosotros mismos, de lo que nuestra realidad o al menos lo que podemos percibir o al menos nos expresamos así los seres humanos, donde la fuerza e intensidad de los movimientos y la voz, son frágiles y delicados, que va más allá de lo que la especie humana pueda ver.

Hoy tiene su primer turno y como no podía empezar de otra manera, ha empezado por la noche, el turno que ningún veterano quiere, debido a la costumbre que tiene esa ciudad, que es apagar las luces con la finalidad de contribuir a la mejora del medio ambiente y es cuando suceden las cosas más raras, que cualquiera de nosotros podamos imaginar. La costumbre de esa academia es ir siempre de dos en dos policías uno novel y uno veterano, por lo que nada más llegar le asignaron a un compañero, que más tarde le comunico su superior que Javier sería su compañero.

Ambos se retiraron a su casa a descansar. Carlos llegó a su casa y se puso a dormir, se levantó para comer y se volvió acostar hasta que sonó el despertador, siendo ese sonido que nos hace levantarnos, para decirnos, que ya es hora de ir a contemplar los problemas ajenos y de observar lo mal que esta el mundo, olvidando tan sólo por un instante  nuestra existencia. Eran las siete y cuarto, se levantó, se ducho con agua fría para así poder abrir los ojos y mirar hacia donde caminaba para ir a la comisaría, donde ese veterano le estaba esperando para su primer día. Se afeito, mientras oía el problema que se le presentaba, ¿puede haber algo mejor que la lluvia para fastidiar a alguien? Pensó para sus adentros. Se puso el uniforme, cogió el termo de café con los vasos de plástico, ya que sabía que la noche iba a ser larga y quería ir preparado, mientras salía de su casa a las siete y media, se podía una oscuridad húmeda, la lluvia parecía que no pensaba en cesar, donde los relámpagos eran frecuentes, y las gotas salpicaban al rostro complicando así la visión hacia el camino, mientras iba caminando pensativo como sería su compañero, que noche le esperaría, planteándose todas las preguntas posibles que se nos puede presentar a cualquiera de nosotros, ante algo que nos resulta nuevo y que, no nos resulta para nada familiar. Una vez allí a las ocho menos cuarto, estaba el muchacho encogido por la sensación de frío, sintiendo ese dolor que hace que los dedos apenas puedan moverse, traspasando los guantes, mientras se frotaba las manos para entrar en calor y de repente vio que delante de él había un coche que le hacía luces, se acercó y era su compañero, se acercó corriendo al coche, se sentó y cerró la puerta, dejo la bolsa de plástico con el termo y los vasos de plástico en sus pies y se cruzó los brazos y frotándose la mano derecha el brazo y la mano izquierda el brazo derecho, con la chaqueta puesta y esperando entrar en algo de calor, se puso el cinturón, su compañero puso la calefacción y arrancaron el coche conducido por Javier y se pusieron a patrullar las calles.